Los precios de Macri

Los precios de Macri -

Por Américo García*

A mediados de año, el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dio a conocer el índice de precios al consumidor de la Ciudad de Buenos Aires y su evolución durante los primeros meses del 2013.

 

Dado el continuo debate existente alrededor de la composición y evolución de los índices de precios que elabora y difunde el INDEC, interesa acá analizar este indicador presentado como una herramienta creíble, técnicamente idónea y de fácil accesibilidad pública para su consulta.

 

Si se accede a la página web de la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad podrá observarse la composición a nivel de divisiones del índice, su evolución general y por división en los primeros meses del año y los precios medios de algunos bienes y servicios que integran el indicador. Pero no se difunde allí la metodología completa ni tampoco la composición más desagregada en los bienes y servicios que lo integran.

 

Al analizar la información, insuficiente y parcial a la que se puede acceder, una primera cuestión que surge rápidamente es preguntarse a que sector social de la Ciudad se ha encuestado para la confección de este índice de precios, ya que según se deriva de las divisiones de la canasta de bienes y servicios que los integran, las familias porteñas estarían gastando un 17.07 % en alimentos y bebidas sin alcohol. Es un dato que llama sumamente la atención puesto que si se lo compara con la encuesta realizada por el INDEC en los años 2004/2005, la ponderación del rubro alimentos y bebidas, es decir, la proporción del gasto de los consumidores, alcanza al 37.9 %, para los habitantes encuestados en el Gran Buenos Aires, lo que obviamente incluye a la Ciudad. Y en encuestas efectuadas con anterioridad ese porcentaje era mayor aún. Si tomamos el Índice de Precios al Consumidor de Córdoba, en éste los alimentos y bebidas tienen una incidencia del 35.6 % sobre el gasto total de los consumidores. Cabe señalar que el IPC de Córdoba se implementa desde el mes de octubre de 2005, y que se integra a un proyecto nacional, conjuntamente con las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, Catamarca, San Luis, y la propia Ciudad de Buenos Aires, por lo que, las metodologías son iguales y es de suponer que las ponderaciones deberían ser similares también. Situación similar se presenta en el caso de la provincia de Santa Fe, aunque con una encuesta realizada entre los años 1996/1997, la ponderación del rubro Alimentos y Bebidas resulta ser de un 37.7 %, y para el índice de la provincia de San Luis, la incidencia del rubro mencionados alcanza a un 33 %.

 

Si nos guiamos por estas comparaciones se puede concluir que el mentado índice confeccionado por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires representa, aparentemente, los consumos de sectores de altos ingresos de la población de la Ciudad que gastan una parte reducida de esos ingresos en productos alimenticios. La pregunta que cabe es ¿En que otras cosas gastan los consumidores encuestados por el gobierno de la Ciudad? También es llamativo que de la información poco desagregada que publica la Dirección de Estadísticas se observe que un 10 % del gasto de los encuestados se realiza en consumos en restaurantes y hoteles. O sea, que se trata de sectores sociales que hacen bastante turismo y comen frecuentemente fuera de sus casas.

 

El hecho de que la encuesta pareciera realizada entre sectores de medios y altos ingresos se ve corroborado al observar algunos productos y servicios de la lista de precios que incluye el informe mensual que ha comenzado a difundir la Dirección de Estadísticas. Entre ellos puede mencionarse la  práctica de gimnasia ($ 180.50 en el mes de mayo), novela de suspenso ($ 70.22) y libro de autoayuda ($ 91.13).

 

Una consideración más técnica merece esta cuestión de la difusión de los precios de un cierto listado de bienes y servicios, algo que no hace el INDEC ni las direcciones de estadísticas de otras provincias. Los precios que se difunden son un promedio de todos los precios relevados de un mismo producto o servicio. Es decir, no resulta un dato significativo para los consumidores y, por el contrario, puede ser confuso para ellos porque no es un precio real que estos puedan identificar en el mercado. Al ser un promedio de todos los precios de un mismo producto es un precio que en la realidad no existe, el consumidor no lo va a encontrar. Ese es precisamente una de las limitaciones, en este caso (en otros es una ventaja), de un promedio, que se identifica con un universo, pero no con un dato en particular.

 

Las variaciones de precios de un mismo o similar producto es un hecho habitual en el mercado que está relacionado con un conjunto de factores. Pero además mientras la dimensión territorial que abarca la muestra sea más amplia, mayor será la dispersión de precios. Por ejemplo, en un indicador que vaya más allá de los límites de la Ciudad de Buenos Aires, como es el que releva el INDEC para el área metropolitana, se supone que habrá una mayor variabilidad en los registros de precios. Asimismo, un promedio tiene también la dificultad de que puede estar muy influido por los extremos. Esto es, un precio muy bajo o muy alto afecta la representatividad del promedio en relación al universo considerado. Además, para algunos productos se trata de un promedio que mezcla calidades o variedades, por ejemplo, se difunde un precio bajo la denominación “queso para rallar”, cuando se sabe que en esa categoría pueden entrar diferentes tipos de quesos que tienen distintos niveles de precio.

 

En definitiva, el indicador elaborado y difundido por el gobierno de la ciudad está lejos de ser un índice representativo de las variaciones de precios de una canasta de bienes y servicios que sea consumida por la mayoría de los porteños y porteñas ni tampoco puede ser presentado según “los estándares más altos de calidad y transparencia” como erróneamenmte afirmara Mauricio Macri.  

 

* Economista. 


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