"Veo un retroceso de los gobiernos nacionales y populares en la región"

Cristina Fernández de Kirchner con corresponsales extranjeros

Desde una perspectiva regional, veo un retroceso de lo que fueron los gobiernos nacionales y populares, y un avance de la derecha conservadora o restauradora que trajo exclusión social y un nuevo realineamiento que abandonó la idea de unidad regional que primó en el espíritu de la Unasur, el Mercosur y la Celac desde que en 1999 Hugo Chávez asumió en Venezuela. A Chávez le sucedieron Lula en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, el Frente Amplio en Uruguay, Fernando Lugo en Paraguay. Todo eso no fue casualidad: fue un movimiento regional en respuesta a la etapa del neoliberalismo de los ‘90 que había arrasado y fue una verdadera catástrofe social. Una de las características de estos gobiernos populares es que, a diferencia de los gobiernos populares del siglo veinte –quizás discutidos en cuanto a su metodología– fueron profundamente democráticos. Yo los llamaría Gobiernos nacionales, populares y democráticos. Hubo una profunda vida en democracia en cuanto a libertad de expresión, que se garantizó aún cuando surgieron expresiones que atentaban contra los gobiernos y que muchas veces intentaron ser experiencias destituyentes, como la que me tocó vivir a mí en el 2008 en Argentina o como la que le toca vivir ahora a Dilma Russef en Brasil.

En la Argentina veo un retroceso muy importante porque los logros que habíamos obtenido eran realmente formidables. Más allá de ese discurso de la pesada herencia, los números son objetivos: al 10 de diciembre del año pasado la Argentina había alcanzado el menor nivel de endeudamiento externo en moneda extranjera de toda su historia. Lo curioso es que el Gobierno surgido en 2003 fue el que había recibido el país con el mayor default de deuda soberana del mundo: 160 mil millones de dólares. A eso se le suman dos dígitos de desocupación, 54 por ciento de pobreza, 46 por ciento de indigencia, un índice de Gini que andaba por el 5 por ciento. No había paritarias en el país, los jubilados cobraban 200 pesos y terminamos un 9 de diciembre con el nivel de endeudamiento más bajo de toda la historia, que le permite al actual Gobierno y a los actuales gobiernos provinciales tomar deuda, un tipo de endeudamiento sobre el cual no tengo buen pronóstico. Los trabajadores argentinos habían logrado el salario con mayor poder adquisitivo de toda la región comparado en dólares. Con los jubilados pasó lo mismo: llegamos prácticamente a una cobertura universal del 97 al 98 por ciento, a partir de que también logramos recuperar la administración de las AFJP, lo que nos permitió también avanzar con las moratorias jubilatorias. Algunos se enojaban con las moratorias porque decían “no hacieron los aportes”, pero no se daban cuenta que así lográbamos mayor poder de consumo, mayor poder adquisitivo de la gente. Ninguna paritaria en la Argentina durante los 12 años y medio de gestión se cerró por abajo de la inflación, por eso había poder adquisitivo. Eso habla de una política de un gobierno que había concebido al salario no como un precio de la economía sino como un efecto dinamizador y organizador de la economía a través del consumo. Ahora las paritarias se cerraron todas por la mitad o menos de la inflación. En todo el mundo ha bajado el consumo producto de la crisis que no se resuelve, producto de que sigue habiendo, y cada vez más, una mayor desigualdad en la distribución de los ingresos que se extiende como una mancha de aceite en todo el planeta. Con una política comercial de libre importación como la que tenemos hoy, ese excedente mundial lo volvemos a ver en los supermercados argentinos: naranjas de cualquier parte del mundo, frutas de cualquier parte del mundo. Todo esto atenta contra el mercado interno. Esto no quiere decir que hay que tener una economía cerrada, sino una economía que cuide a los productores, a los inversores y a las pequeñas y medianas industrias locales.

Hoy veo retrocesos también en las libertades. No puedo dejar de mencionar el caso de Milagro Sala, presa política, ahora que también están presos otros militantes y dirigentes sociales, entre ellos su esposo. La carta abierta a los despidos: hoy el desempleo figura, junto a la inseguridad y la inflación, entre las principales preocupaciones de los argentinos. El desempleo no era un tema durante nuestra gestión. La inflación, que fue un tema que agitaron permanentemente desde los medios de comunicación hegemónicos, hoy es constante, superando el 50% en los alimentos. Creo que hubo tal vez una mala evaluación del gobierno entrante en cuanto a cuál iba a ser el resultado de su “negociación”, entre comillas, con los buitres. Lograron ordenar al Congreso casi haciendo fila para que votaran un acuerdo muy malo con los buitres y pensaron que iban a llover los dólares. Y no, las inversiones se rigen por otras cuestiones.

El 13 de abril nadie hablaba de tarifas de gas y de luz, y yo recuerdo haber dicho en Comodoro Py, cuando propuse el Frente Ciudadano, que iba a haber una reconstrucción de nuevas mayorías, ya no en base a como estaban ordenados partidariamente sino a cómo iban a resultar agredidos o no por la política económica. Y hable de la factura de luz, de gas y del chango del supermercado cuando no había ningún dirigente político en la Argentina que registrara esto. Estaban todos muy entusiasmados porque habían aprobado el acuerdo con los buitres y todo se iba solucionar. Y esto no me convierte a mí en clarividente, sino simplemente en una persona que estuvo sentada 8 años en el sillón de la Casa Rosada y no de prestada. Sabia que esos aumentos, cuando llegaran, iban a ser de un impacto fenomenal en la inflación, en la calidad de vida y en toda la actividad económica. Porque había una idea de que los subsidios eran para los morochos, para la gente pobre, para los villeros, para los negros, para los cabezas como decían antes despectivamente. Y no, los subsidios eran para toda la economía, eran para las pequeñas y medianas industrias y también para las grandes. Los subsidios eran salario indirecto para los trabajadores, para la clase media que podía consumir, viajar, comprarse un auto o cambiarlo o comprarse una casa. Y esto me parece que no fue correctamente visualizado y yo me acuerdo que el Ministro de Economía dijo que el aumento de tarifas tenía el valor de dos pizzas.

Creo que hubo una mala evaluación también en eliminar ingresos del Estado que pesaban sobre los sectores más concentrados de la economía con una alta rentabilidad. Así se dibujó un déficit que no existía. Resulta incoherente lo que dicen: si había déficit a reducir, uno siempre piensa que lo primero que hay que hacer es equilibrar fiscalmente el país, pero no reducir a los sectores de mayores ingresos los derechos de exportación, sacar las retenciones a la minería o los autos de alta gama. Es como un coctel que todo junto no cierra, porque es contradictorio. Tal vez no hubo una mala evaluación: lo que se quería era provocar un shock para que los trabajadores aceptaran cualquier tipo de salario por temor a perder el empleo. O sea una suerte de flexibilización o precarización obligada, por el temor a perder el salario o porque la plata no alcanza. ¿Fue esa la idea de provocar el shock? Ese es un terreno de hipótesis que no me gusta abordar, pero lo cierto es que mas allá de las hipótesis o de de las intenciones, el resultado me parece no ha sido el esperado. No ya por la sociedad a la que le habían dicho que no iba a haber tarifazo, que no iba a haber devaluación, que no se iba a perseguir a nadie, que no iba a haber despidos, que hasta el Fútbol para Todos se iba a conservar. No: simplemente ni siquiera fueron los resultados esperados por el propio equipo que se autodefinió a sí mismo como el mejor de los últimos 50 años.


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