El Ministerio de Salud dejó de ser Ministerio

Por Juan Angel Canella, Giglio Salvador Prado

El Ministerio de Salud dejó de ser Ministerio - Por Juan Angel Canella, Giglio Salvador Prado

 El Ministerio de Salud dejó de ser Ministerio, para convertirse en Secretaría de Estado…¡Todo un símbolo!

Juan Angel Canella
Bioquímico – Coordinador de ALAMES Argentina
Giglio Salvador Prado.
Médico – Ex Coordinador de ALAMES Argentina.
 
I.
Giambattista Vico, filosofo italiano señaló que la historia se mueve de un modo que llamó “Corsi e ricorsi”, entendiendo por tal a los ciclos, con progresos y regresos, adoptando formas de tragedias, o farsas. Creo útil recordar a este autor, en momentos como el presente en que han pasado 1000 días del gobierno de Mauricio Macri, y tras el reconocimiento de la crisis a la que condujo al país, en un mensaje grabado prometió “hablar desde el corazón” y anunció retenciones impositivas y cambios en su gobierno. En este contexto de una economía en picada, con un desgobierno evidente; con sufrimientos increíbles de la población Argentina, el Presidente Macri efectúa anuncios de medidas destinadas a terminar con el déficit primario; que cree la llave para que el Fondo Monetario Internacional, le dé el visto bueno para ampliar el ya lesivo y condicionado auxilio a la economía Argentina. Se pasa de 20 Ministerios a solo 10; se efectúan recortes al presupuesto y todo hace suponer que la disminución del número de ministerios, llevará a la disminución de empleados públicos, al debilitamiento de  las capacidades técnicas del estado y la anemia de programas y servicios; todo en aras del déficit cero. El caso del  campo de salud, que tiene fuertes emparentamientos con trabajo, educación, ciencia y técnica, cultura y desarrollo social, tiene particular valor simbólico: hablamos de la enfermedad, de la muerte, de los cuidados.
 
 
II.
Creo que poco podremos agregar a los diagnósticos que presagian, ya analizando globalmente o por sus aspectos políticos o económicos nuevos sufrimientos a la sociedad argentina. Muchos de estos sufrimientos se expresarán en materia de pérdida de la salud o descuido de las enfermedades crónicas, muertes evitables, etc. Recordamos los aumentos de los suicidios en la crisis del 2001, ó que en esa etapa, la primera causa de internación fue el abandono de tratamientos, que conducían a las complicaciones de las enfermedades más extendidas como diabetes, hipertensión. Es previsible la crisis de los sistemas y servicios de salud y la sobrecarga del sector público. Es muy valorable el esfuerzo de Soberanía Sanitaria, que a través de sus “Informes”, ha puesto en blanco sobre negro las graves situaciones que viene creando la retirada del estado, en particular del Ministerio de Salud, que se exacerbará con las medidas anunciadas. Todo lo que se haga por registrar, analizar y colocar en la agenda pública las consecuencias del período neoliberal macrista será de un valor elevadísimo en el próximo curso de los acontecimientos. También incluiríamos en esta tarea la recuperación de la experiencia histórica y de luchas por el derecho a la salud, nacionales e internacionales, en especial en América Latina.
 
 
III.
Creemos sí, necesario ir preparando un período de reconstrucción del campo sanitario; tras esta farsa o tragedia o ambas. La experiencia humana de lucha contra la adversidad es muy basta; en Londres bajo los bombardeos nazis, disminuyó la mortalidad y aumentó el peso de los niños al nacer. En El Salvador en medio de una atroz guerra civil, en las zonas guerrilleras bajó la mortalidad infantil. Hay mucha evidencia de que los esfuerzos humanos para cuidar la salud, obtiene resultados sorprendentes. Por ello y para tal fin proponemos poner en discusión los siguientes tópicos:
SISTEMA: es urgente ubicar en la agenda política la necesidad de una reforma sanitaria progresiva, que se centre en las idas de salud como derecho humano, en la equidad, en el acceso facilitado oportuno y con participación de la ciudadanía. Sabemos que los sistemas únicos, son mejores, menos onerosos para la población que los sustenta y más poderosos para enfrentar la desenfrenada pulsión de lucro que anima a los actores económicos, muchos de ellos multinacionales que se han transformado en los que en realidad dirigen y digitan en su beneficio los servicios de salud. Terminar con la fragmentación y la inequidad en salud, son banderas ineludibles para una recuperación de la justicia social. Todos los puentes que se puedan tender con los actores del subsector público (Nacional, Provincial o municipal) y de las Obras sociales (Pami, OS Provinciales y OS Sindicales); con los trabajadores y las organizaciones sociales serán centrales en toda reconstrucción, que tuerza el rumbo de colisión que llevamos. Dar por terminada la orientación bancomundialista del CUS (Cobertura Universal de la Salus), que conduce a un aumento de la mercantilización como demuestra la experiencia colombiana.
MEDICAMENTOS Y TECNOLOGÍA: el gasto en medicamentos y tecnologías, usados con crecientes costos e irracionalidad, conducen a una crisis del financiamiento de sistema de salud. A partir del reconocimiento que el acceso a medicamentos y tecnología es un derecho, se debe debatir la forma en que el uso de medicamentos y tecnología apunte a una racionalidad estrictamente centrada en el beneficio para la salud. Liquidar los ensañamientos terapéuticos, los usos irracionales y sobre todo las corruptelas que rodean las actuales prácticas prescriptivas. Tender a un oligopsonio estatal en las compras, a la drástica disminución de los “gastos de bolsillo”, resultan imprescindibles. Todo ello no puede ocurrir sin la participación consciente de los prescriptores.
PARTICIPACIÓN POPULAR: herramienta fundamental para las transformaciones, la vasta experiencia de lucha y organización del pueblo argentino debe ser capitalizado para el trabajo en salud. La experiencia latinoamericana, en especial la de Brasil, en materia de participación debe ser capitalizada, (no referimos a la existencia de consejos de salud en cada municipio, estado, y a nivel nacional; así como la realización periódica las conferencias Nacionales de Salud, precedidas de amplísimos debates).
DESINSTITUCIONALIZACIÓN: progresivo pero veloz cierre de las “instituciones asilares”; y su substitución por cuidados comunitarios y familiares, mano de obra intensivos y remunerados.
GESTIÓN DE LOS SERVICIOS: participación comunitaria y de los trabajadores de los sistemas y servicios de salud, en una nueva tecnología de conducción democrática y humanizada de los sistemas y servicios de salud. Guerra a las trabas en el acceso, (colas auditorias absurdas, autorizaciones abstrusas, etc.)
INTERCULTURALIDAD: un shock de respeto al otro, en una sociedad democrática, redundará en un fuerte impulso a la salud. El respeto por el género, por la diversidad de opciones sexuales, por cultura de pertenencia de los pueblos originarios, y migrantes, deberán ser priorizados. Ninguna visión, ninguna comunidad o persona deben sobrar en los esfuerzos por la reconstrucción de una patria justa y solidaria.
EQUIDAD – ACCESO para poner al sistema de salud en capacidad de brindar lo que la ciencia y los conocimientos vigentes brindan al ser humano para cuidar su salud, recuperarse de las enfermedades, y aplicar toda la tecnología existente en materia de promoción, prevención y rehabilitación; recuperando el concepto de Estrategia de Atención Primaria de la salud y de Salud para Todos, sin componentes mercantilizadores.
RIESGOS DEL TRABAJO: La inadmisible ley de RT vigente desde 1996, ha puesto de manifiesto lo desafortunado de darle a la llamada “industria del seguro” algún aspecto del cuidado de la salud. Debe ser puesto en marcha un gran debate sobre la salud laboral que permita recuperar y aprovechar todos los conocimientos de los trabajadores en materia de promoción y prevención; revisando los criterios de asistencia y los derechos en juego en las secuelas de las enfermedades y accidentes del trabajo. El Listado de Enfermedades Profesionales debe ser radicalmente reformulado a la luz de los conocimientos actuales, incluidos los de salud mental. Los criterios de evaluación de las secuelas y sus resarcimientos también deben reformularse con participación de las organizaciones sindicales. Debe también ser prioridad la inclusión de los trabajadores de la economía informal (mal llamada en negro), hoy fuera de todo reconocimiento de derechos.
 
 
IV.
Mientras tanto toda la solidaridad del campo popular debe manifestarse, en cuidados, en organización, demostrando desde abajo hacia arriba que otras prácticas de salud, humanas, sensibles al dolor y las necesidades del prójimo son posible, deseables y que se obtienen resultados. Por ahora mientras no se pueda poner el estado al servicio del pueblo, será el pueblo el que manifieste sus reservas para minimizar sus sufrimientos y legitimar su aspiración política a una vida mejor. Los trabajadores de la salud debemos ponernos al servicio de esta gran movilización de resistencia en defensa de la vida de nuestra población. En tanto ir preparando creativa y democráticamente los cambios ascendentes que reflejen y den respuestas a las necesidades populares. Recuperar el espíritu de de Eva, en su planteo de “… donde hay una necesidad hay un derecho…”, la gran capacidad conceptual y práctica del hoy agraviado Ramón Carrillo, y de todas la contribuciones sanitarias, será un acontecimiento social por el que bien vale la pena luchar.

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